Hace dos años fui a México para pasar las vacaciones y celebrar mi graduación de la Universidad. Allí conocí el amor de mi vida. La mujer especial que se llamaba Angelita, ella nació en México, D.F., pero creció en Cholula, México. Angelita era la chica más bella de todo México. Ella tenía piel de miel, pelo negro rico, largo y rizado. Ella olía a las flores dulces que se balanceaban con la brisa en el viento de la primavera. Cuando Angelita hablaba, los pájaros estaban envidiosos. Estar con ella fue como vivir en el cielo donde todo era perfecto.
Cada noche nos encontrábamos para caminar por la playa de la mano. Hablábamos sobre muchas cosas: nuestras vidas, nuestras familias y la cultura de México en contraste con la de los EEUU. También, platicábamos sobre nuestros deseos, sueños para el futuro y la idea de casarnos un día en el futuro. Allí en la playa cuando no estábamos platicando, bailábamos al ritmo de las olas del mar. Yo quería quedarme en este mundo surrealista para siempre, mi mujer y yo eternamente viviendo enamorados. Cuando nos cansábamos de bailar, nos caíamos a dormir al lado de la playa abrazándonos.
Sin embargo, un día me desperté. Abrí los ojos, el sueño se había acabado. Mi amor se había ido sin decir nada y sin un besito. En este momento, estaba triste y perdido. Me sentía como si alguien me hubiera arrancado el corazón de mi pecho y lo hubiera hundido Después en el mar para nunca surgir otra vez. A pesar de que no tuve ninguna idea donde ella estaba, decidí encontrarla.
La busqué en cada parte del pueblo, cualquiera lugar que pareciera apelar a mi Angelita. Hablé con sus amigos para ver si ellos sabían algo sobre su ubicación. También, puse carteles con su foto en los árboles y las paredes como si fuera un animal perdido. Mientras la buscaba, no dormía mucho y a veces lloraba sin parar porque sentía que estaba realmente enamorado de ella. Yo quería verla y decirle; "Te quiero." La busqué por tres semanas más y cuando me di cuenta de que mi búsqueda no servía para nada, dejé de buscarla. Por esta experiencia, perdí toda la esperanza en mí mismo y a la misma vez dejé de creer en el amor.
Después de dos terribles meses más en México, regresé a los EEUU. Era el verano y empecé a trabajar en una agencia de modelos. Mi trabajo allí me hizo pensar mucho en Angelita. Cada modelo tenía algo parecido a ella, pero no lo permitía a afectar a mi trabajo. Un día que nunca olvidaré, un modelo que pareció a Angelita entró en la agencia. La mujer era como un reflejo exacto de mi Angelita. ¡Qué raro pensaba! Tuve que acerarme a ella, para confirmar mis dudas. De pronto ella habló y dijo, "Viviremos siempre con las olas del mar," y empecé a llorar. ¡Era Angelita! No podía creer que era ella. Mi corazón, sin embargo, ya había sufrido mucha tristeza y mi amor para ella se había perdido. Mis últimas palabras a ella fueron muy frías e insoportables. Le dije; "Lo siento, pero ya no te amo, si quieres buscar nuestro amor, nada al fondo de la playa y allá encontraras mi corazón." Con estas palabras le dije "adiós" para siempre.